Aventura

Travesía en Sierra de las Minas

Recientemente entre amigos nacionales e internacionales nos adentramos a la Sierra de las Minas, la Reserva de bosque más nubosa de toda Centroamérica. Ubicada en el noroeste de Guatemala, en los departamentos de Alta Verapaz, Baja Verapaz, El progreso, Zacapa e Izabal.

Este bosque es preservado por el gobierno guatemalteco casi por 3 décadas, aunque según los vecinos de Zacapa y sus alrededores todavía el pueblo debe volcarse rudo ante las amenazas de los invasores que persisten en la tala de pinos.

Nos hemos instalado en la casa de un buen amigo, quien nos ha recibido con esmero y atención fina.
—Este bosque es peligroso —Que Dios vaya con ustedes— No deben cruzar el límite. advierte la madre de nuestro amigo... con autoritarismo y con sentido serio.

Mas de un vecino que vive en las faldas de la sierra y a las orillas del Río Motagua puede pronunciar anécdotas como la piedra pata del diablo, (y en efecto nos mostraron la roca con un pie fundido), las historias de fincas encantas, y el brillo que provoca los diamantes o dinero escondido. Además, la sierra tiene el punto referente la piedra del Ángel, Cerro Raxón, donde todo aventurero imagina llegar. El lugar por su espesura también tiene fama de tener abundantes animales feroces.

Bajo este contexto de aventura mística, iniciamos la travesía, siendo el primer objetivo ascender lo que conocen como cerro Picudo, entre bosque húmedo, abandonado, y a nuestra espalda el gran zigzag del rio Motagua.

—El sol arde en nuestros hombros.
—El sol consume nuestros cuerpos
—El sol consume nuestra agua

Hemos subido constantemente durante todo el día, hasta coronar la cumbre del cerro, afirmando pies entre acantilados y llenando los pulmones de aire de nubes que envuelven los árboles y las aves gozan de placer.
Nos advirtieron para todo, excepto para la humedad absorbedora… los objetivos de exploración eran amplios, pero la calidez del sol fatigante nos hizo agotar las fuentes de agua tan pronto de lo que planificamos...
apenas hemos visto y tocado la sierra y basta para comprender que merece todo el respeto...

Cuando el desespero por agua empezó a ser tormentoso, —Pensamos con claridad—nos hemos dividido en parejas, pues sabemos que la sierra es la madre de 63 ríos. Decidimos descender por los acantilados de la sierra, para encontrarnos con los arroyos que alimentan más de 500,000 habitantes, y a sus cultivos a lo largo de la sierra...
Llevamos más de una sorpresa. Camino abajo la sierra es arriesgada por la inmensidad de sus acantilados, en más de un momento sentimos confusión por las nubes que hacen torbellino en nuestra cabeza. Después de horas de búsqueda, hemos encontrado agua, quizás era el bebedero de los coyotes, los tigrillos, o el jacuzzi de un caballo salvaje. Pero hemos bebido, agua de color oscuro y sabor a zorrillo. Por si todo se pone arriesgado, —estamos tranquilos, —
Continuamos camino abajo, nuestras cantimploras lucían un líquido oscuro, con nuestros cuerpos llenos de fatiga, ampollas por el sol, en los pies y en las piernas.
—Se puede ver la aflicción en los rostros—
Cuando solo la voluntad es la que empuja el cuerpo, con mucha suerte nos hemos desviado a un rio que desciende silenciosamente entre los árboles negros.
—Oh, que maravilla. Son vertientes de agua Cristalina
—Mira como todos los aventureros, reposan sobre la arena y sobre las piedras, como deseando ingerir el rio completo.
Hemos podio descansar en las rocas, y saciamos nuestra sed antes que el sol se esconda y quedemos a la deriva en un lugar de vegetación extrema, y convertirnos en presa de algún animal hambriento, pues la sierra se convierte en casa de un poco más de 880 especies de mamíferos, aves y reptiles... es decir el 70% de los tipos de animales existentes en Guatemala.

Con el sombrío del sol, nos hemos despedido de las profundidades del bosque, con deseos ardientes de volver pronto, por supuesto con más provisión y más conciencia de los peligros que posee esta indomable Sierra de las Minas que se denomina así por su abundante riqueza en Jade y mármol que posee.


Relato: Jeinner Alejandro


Fotos: Vinicio Sagastume

 

 

 

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