Poesía

Madre

Desde los siglos

Racimo de amores y secretos de bien

Guardabas enmarañado mi ser en tu pecho

Callabas y te abrillantabas  de luz tenue como el alba

Ha, ¿cómo no amarte?

Si entonces eras fuerza hombre,

Corazón querubín o arcángel

Alma de viento, corazón de Dios

Corazón saltarín.

 

Ha, ¿Cómo no creer el bien de tu corazón?

Transferiste tus años a mis huesos,

Como sello de amor eran las caricias de tus manos

Cierro los ojos, y vuelvo a sentirte aquí conmigo

Empática, aun mi soledad apaciguas

Empática, aun  mi dolor era tu mártir

Sonreíste a mi falta de cordura,

Mas tus ojos eran de amor

Siempre acudiste en auxilio.

 

A veces creo ver en el viento tu sonrisa,

Sonrió, y extiendo mis brazos para sentirte

Y de un cruce de brazos apresurados,  abrazo el vacío

Y vuelvo a sentirte distante

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